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[may 2007] DIRf en Ibiza con Clare Gledhill
Crónica y fotos  

(Crónica de IB) Dada la buena experiencia de los cursos previos en Ibiza, siempre nos ha parecido un lugar muy interesante para este tipo de actividades. En primer lugar porque el vuelo desde la mayoría de los aeropuertos grandes no es caro y en segundo lugar porque siendo una isla, prácticamente asegura que dispondremos de buena mar.

Aunque el curso inicialmente se planteó bajo la fórmula de “sólo chicas”, con la instructora británica Clare Gledhill de quien teníamos unas excelentes referencias, la falta de candidatas nos obligó a replantearnos esa convocatoria. ¿Cómo llevaría un grupo de “machos” ibéricos aquello de ser entrenados por una mujer? Por otro lado, al escoger una instructora, estábamos eliminando el factor testosterona de la ecuación... no hemos de negar que estábamos curiosos.

Al final, juntamos un grupo muy heterogéneo. Hasta el punto de que uno de los alumnos sólo tenía 9 inmersiones cuando se inscribió en el curso. Comenzamos con muchas dudas y al final resultó en el grupo más divertido y compenetrado que nunca hemos tenido, y con un aprovechamiento muy bueno. En favor de Clare hay que decir que hubo de lidiar con cuatro duros alumnos. ¡Chapeau para Clare!

(Crónica de Akondia y Gualdrapa) El curso se realizó bajo dos modalidades: técnica —con bibotella y traje seco— y recreativa —con monobotella y traje húmedo—. Al curso asistieron en la modalidad técnica dos alumnos con mucha experiencia, oriundos de Ibiza —Vicente y Toni— y dos buzos novatos en la modalidad recreativa, que volaron desde Madrid —Los autores de esta crónica.

La BUEX en general, e Igor en particular, prestaron un generosísimo soporte —casa, aula y residencia para varios participantes—, complementado con la también generosa ayuda de los compañeros ibicencos, quienes pusieron a disposición compresores, botellas, barco y demás infraestructura de la que disponían.

Igor viajó en coche desde Madrid, cargando la mayor parte del equipo (bibotellas, cajas con los equipos, etc). Cuando llegamos, él y Armín ya estaban allí después de un largo y cansado viaje en coche. Nos esperaron en el aeropuerto junto con nuestros compañeros ibicencos. Todos nos quedamos a recibir a Clare Gledhill, que llegó un par de horas después. Convenientemente advertidos de la exigencia del curso y de la dureza de la instructora británica, Gualdrapa ya había decidido tomar la iniciativa confeccionando unas camisetas para recibirla con una foto de la Reina de Inglaterra...... en “bolas”. “Como declaración de intenciones”, decía, ante el regocijo de Armín y el estupor de Igor.

Si bien hubimos de evitar prudentemente a los hooligans que llenaban el avión donde viajaba Clare. Tras las primeras muestras de sorpresa y escándalo, ésta se lo tomó muy bien: entre risas se hizo una foto con los dos. Pero la cosa no había hecho nada más que empezar. Tras las presentaciones nos desplazamos a nuestro cuartel general, que hubo de ser bautizado “Hostal Cucaracha” por la habitual abundancia en sus habitaciones de estos bichejos. Afortunadamente, las pocas que había huyeron despavoridas al ver a Igor —curiosamente ni se inmutaban con los demás.

Al día siguiente a primera hora, todo había cambiado y estábamos dispuestos para empezar. Aunque todos los participantes éramos españoles (a pesar de la pinta de Toni), las clases se desarrollaron casi íntegramente en inglés, lo que permitía tener dos cursos por el precio de uno: de buceo y de conversación inglesa.

Contamos con proyector, PC, libros, etc. así como el apoyo logístico y la filmación de Igor como buzo de apoyo (que se encargaría de sacar nuestros mejores planos). Comenzaron las lecciones del curso: se empezó explicando el concepto y la necesidad del trim y del control absoluto de la flotabilidad. Así mismo, se explicó la mecánica para lograr dichas habilidades y el equipo necesario. A todos sorprendió la integración entre habilidades y equipamiento: las habilidades se apoyan en una determinada configuración, cuya razón de ser es únicamente permitir dichas habilidades.

El ambiente de humor duro no era óbice para el aprendizaje y el esfuerzo. Lejos de ser un obstáculo, sirvió para configurar un excelente ambiente de equipo que redundó en el aprendizaje y los resultados. Dado que la GUE establece en sus estándares la necesidad de superar unas pruebas físicas previas al curso como condición indispensable para realizarlo, nos dirigimos a la magnífica piscina cubierta de la localidad, en la que nos esperaban, como muestra de que nada de la organización se había dejado al azar. Las pruebas consistieron en una prueba de natación y otra de apnea, que todo el equipo logró con margen.

A continuación, la instructora procedió a enseñarnos ciertas técnicas que nos pusimos a practicar en la piscina sin aletas y que repetiríamos posteriormente hasta la saciedad en el mar con todo el equipamiento puesto: patada de rana hacia atrás, vuelta de helicóptero, posición correcta para un buen trim, etc. Nos sorprendieron a todos la facilidad con que las ejecutaba y los alumnos acabamos haciéndolas en la mitad de una piscina auxiliar, aneja a la principal y ocupada la otra mitad por unos discapacitados que se encontraban en rehabilitación. La situación era notable. Los dos grupos se miraban con curiosidad aunque vista inicialmente nuestra habilidad, un observador imparcial no nos hubiera distinguido. Finalmente, los ejercicios empezaron a salirnos y, a la hora y media, acabó con carreras de patada de rana hacia atrás —discapacitados incluidos— y algún alumno haciendo trampas corriendo por el exterior para ganarles.

Esa noche realizamos la primera carga de Nitrox 32 para las inmersiones del día siguiente, auxiliados por Armín, el cual, como un druida, manejaba con extremada habilidad y sabiduría las mezclas. Después fuimos ayudados a configurar nuestras placas y atalajes, asunto lleno de detalles cuya explicación pormenorizada también constituyó un interesantísimo aprendizaje.

Al día siguiente y a pesar de que la anterior jornada había resultado cansada, comenzamos muy temprano, sin poder desayunar nada, dado que ninguna cafetería estaba abierta. Tras una larga sesión de teoría, se planificaron las 2 inmersiones previstas del día: objetivos, ejercicios, etc. Practicamos el Safety-drill en el jardín de la casa y comenzamos a practicar el Valve drill, también “sobre tierra firme”. Aunque los alumnos de la versión recreativa no realizarían en el curso las maniobras completas, atendieron como los demás a las explicaciones de los instructores al respecto.

Después de más de cinco horas de trabajo, terminadas la sesión de teoría y las prácticas en seco, viajamos al centro de buceo en el que ya teníamos el equipo configurado y preparado del día anterior, comiendo algo finalmente. Bajo la mirada curiosa de los turistas de la playa, entramos “de infantería” hacia una zona próxima en la que Clare y Armín habían tendido hilo para delimitar un circuito submarino de ejercicios y fijado la boya previamente, marcando nuestra presencia. Empezamos nuestra primera inmersión en mar del curso repasando los procedimientos iniciales aprendidos: “GUE EDGE”, “Bubble check” y nos sumergimos en el “circuito” de hilo preparado al efecto. A no más de cuatro metros, practicamos los ejercicios aprendidos tanto en la piscina como en seco. Los instructores siempre hacían el ejercicio antes para que pudiéramos verlo in situ, además de los videos y teoría ya mostrada y luego Igor nos filmaba en la ejecución, como decía “siempre buscando lo mejor de cada uno”.

Acabada la inmersión, salimos con sabor agridulce: todo es mucho más complicado de lo que parecía inicialmente y las sensaciones que cada uno tenía de lo realizado no todo lo buenas que hubiéramos querido, en general. Salimos para hacer un breve descanso mientras la instructora nos dirigía una charla “post-inmersión”. Después, todos los buzos alumnos procedimos a retocar nuestro equipamiento (posición de los reguladores, lastre, etc.)

Terminados los retoques, empezamos la segunda inmersión: de nuevo “GUE EDGE”, “Bubble check”, patadas de todo tipo, vueltas de helicóptero y los cinco ejercicios básicos (quitarse regulador principal y volverlo a “morder”, cambio de regulador, extensión del regulador principal, quitarse la máscara y volvérsela a poner). Estos ejercicios en principio no parecían complicados, pero se revelan muy difíciles de hacer sin variación alguna de nivel en aguas tan someras. Tanto en la anterior inmersión, como en esta, a todos nos sorprendió, por el contrario, el control absoluto de las posiciones, niveles y ejercicios de los instructores. Realmente impresionante e imposible de ver en los ambientes del buceo habitual a los que todos estábamos acostumbrados.

Mientras, lo demás observábamos el ejercicio casi buscando los hilos de los que parecían estar suspendidos los instructores Clare y Armín, que realizaban las mencionadas maniobras sin moverse lo más mínimo ¡a menos de tres metros de la superficie!. Después, dispusimos de un poco de tiempo más para practicar de nuevo nuestras incipientes y todavía horrorosas patadas. Finalizamos con un ascenso controlado con paradas de 1 minuto a 6 y 3 metros. El control de los alumnos es bastante mejor de lo que cabía esperar en un principio, pero el de los instructores sigue siendo espectacular.

Terminadas las inmersiones, nos dispusimos a preparar el material para el día siguiente, comentando la enorme información que hemos recibido a lo largo del día. Sin embargo, Clare nos dijo que este segundo día no ha sido más que el repaso de lo básico. Todavía no había comenzado el curso realmente.

Durante la cena, Clare recibe una serie de llamadas desde Estados Unidos, informándole de que Jarrod Jablonski sigue realizando una deco de más de diez horas, tras una inmersión de la WKPP en lo que luego nos enteraríamos que había sido el último intento de conexión de los sistemas subterráneos subacuáticos de Wakulla Springs y Leon Sinks. ¡Y nosotros con la patada de rana!.

Tras más de catorce horas de trabajo, estábamos muy cansados, pero la jornada no había acabado. Terminado el refrigerio (cena para la instructora), nos fuimos de nuevo a la casa a ver los videos que Igor había realizado durante las dos inmersiones del día. Aunque las sensaciones que todos habíamos tenido sobre nosotros mismos no habían sido buenas, nos sorprendimos gratamente al vernos porque, aunque la primera inmersión no ha ido muy bien, debido a que no llevábamos en equipo bien configurado (cada uno con sus cosas), en la segunda, se notaba mucho mayor control y nuestro trim era más que aceptable. Clare y Armín repasaron uno a uno críticamente con nosotros los ejercicios, el trim, etc. Aún así, hay un buen ambiente, estamos animados viendo que hacemos “algo más flotar”.

El tercer día comenzamos a las 8:30. Repasamos algo de la configuración y tratamos sobre el buceo con gases. Nos centramos en el Nitrox 32 y su utilización. Armín nos enseña, en español, algunos rudimentos del misterioso mundo de la descompresión y del uso de gases. Posteriormente, realizamos otros tipos de ejercicios, como el lanzamiento de una boya y otros, ejercicios que realizaremos más adelante.

A media mañana, y con todo ya preparado en los todoterreno, emprendimos la marcha por Ibiza, en busca de un sitio donde realizar la tercera inmersión. Encontramos una pequeña playa. La entrada al agua era fácil y la mar estaba en “calma chicha” en ese lugar. Entramos nadando por superficie, invadidos por pequeñas medusas. A la salida, una de estas picaría a Akondia. Convenientemente, se le advirtió, sin embargo, que los DIR no se quejan. Después de que jurase en euskera, dio comienzo la inmersión.

De nuevo —y ya parece que para siempre—, comenzamos con el protocolo pre-inmersión antes de ir al lugar elegido. Después de un descenso muy controlado, comenzamos a ejecutar las maniobras de Valve drill al llegar a la cota de fondo. Luego, de nuevo prácticas de patadas de todo tipo. Después realizamos ejercicios de S-drill con el compañero, así como navegación donando gas en diversas circunstancias. Los ejercicios fueron muy satisfactorios.

Volvimos a la playa a reponer tanto gas como fuerzas, tras lo cual procedimos a realizar una nueva inmersión en el mismo sitio. Bajamos de nuevo por parejas, cara a cara, en total horizontalidad, controlando la velocidad de descenso. Nuevamente Valve drill al llegar a la cota de fondo. Comenzamos el repaso con el S-drill y la navegación. Simulamos una inmersión por parejas en donde los instructores nos hicieron navegar sin máscara (con el compañero), donando aire y en distintas circunstancias, todo ello con la técnica de patadas hacia delante y hacia atrás y control de la flotabilidad aprendidas anteriormente. Practicamos también el uso de las linternas de backup.

Realizamos prácticas de lanzamiento de boya, que fueron interesantísimas y bastante más complicadas de realizar de lo que pensábamos, ya que cualquier movimiento, duda, exhalación, etc. producía una variación de nivel evidente a la difícil profundidad de no más de nueve metros a la que estuvimos practicando en todo momento. Por último, más cerca de la orilla, ejercitamos el rescate de un buzo inconsciente, ejercicio de gran dificultad.

Finalizadas las inmersiones del día, recogimos todo el material y volvimos al centro de buceo a volver a llenar de Nitrox 32 los tanques. Aprovechamos para ir dejando listo el material para las últimas dos inmersiones del curso, que serían las de evaluación final y se realizarían desde barco. Llegamos a nuestros respectivos alojamientos de madrugada, no nos acostamos, sino que literalmente nos desmayamos sobre la cama por el cansancio acumulado, durmiendo de tirón.

El último día comenzamos de nuevo prontito, pero ya estamos acostumbrados a sufrir con el estómago vacío. Tras ver los últimos temas del curso, hicimos varios ejercicios sobre planificación de gases (regla de los tercios, medios, ascenso de seguridad, etc.). Por último, planificamos las que serán nuestras 2 últimas inmersiones del curso. Por una vez, planificamos las vituallas cuando alguien nos anima diciéndonos que somos un equipo y nos dirigimos a puerto donde, comprobando de nuevo que la organización era extenuante, pero perfecta, nos esperaba Jordi, el capitán, apodado “Escroto” (ninguno nos atrevimos a preguntar la razón de dicho apodo).

Cargamos el barco y nos hicimos a la mar. Haríamos una primera inmersión de 10 metros, esta vez sin filmación. Volvimos a practicar lo aprendido: patadas, Valve drill, S-drill, navegación donando gas, lanzamiento de boya, ascensos controlados, etc., por parejas y esta vez bajo la escrutadora mirada de los instructores, a los que nunca veíamos, pero que siempre resultaban estar allí. Todo parecía ir bien porque, a pesar de ser evaluados ese día, estábamos disfrutando de las inmersiones ya que nuestro objetivo —unánime y realmente— no era aprobar, sino aprender todo lo que pudiéramos.

Volvimos a bordo y nos dirigimos al abrigo de un pequeño islote. Era la sexta inmersión del curso y en la que realizaríamos tanto el “examen” escrito como el práctico. El primero resultó muy largo y mareante por el movimiento del barco, pero relativamente sencillo. La posterior inmersión, cada pareja debía realizarla con las técnicas aprendidas y bajo ciertas condiciones de profundidad y objetivos, bajo la atenta —y evaluadora— mirada de los instructores; estos, a lo largo de la inmersión irían pidiendo diversos ejercicios a los alumnos.

Comenzamos con un descenso muy lento y controlado, frente a frente hasta los 6 metros. Tras ello, el pertinente ejercicio del Valve Drill. Nos desplazamos por el arrecife, llegando a zonas con mayor profundidad y, por tanto, de mayor facilidad. Utilizamos nuestras linternas de backup. Los instructores nos pidieron diversos ejercicios: S-drill, navegación conjunta sin máscara, etc. El ejercicio parecía que llegaba a su fin. Cuando nuestro equipo estaba realizando una navegación donando gas, los instructores marcaron adicionalmente “lanzamiento de boya” y ascenso controlado frente a frente con paradas a nueve, seis y tres metros, en total horizontalidad y manteniendo la posición. En el lanzamiento de boya (siempre donando gas), relució toda la fuerza del equipo: se lanzó la boya desde los nueve metros ayudándose en el despliegue del material el uno al otro con una —según nos dijeron luego— excelente sincronía y comunicación, y se comenzó el ascenso controlado (incluido un trim perfecto, si no llega a ser por nuestras barriguitas). Hicimos las paradas pertinentes a seis y a tres metros, ascendiendo de manera lentísima y controlando perfectamente la posición. Superficie... y ¡¡¡curso aprobado!!!. Estábamos muy contentos con el resultado de las inmersiones y con el amplísimo aprendizaje realizado (es uno de los pocos privilegios de quien sabe poco), pero, llegado el caso, también nos agradó haber aprobado el curso, aunque ésta no fuera nuestra meta real y, sinceramente, aunque no lo esperásemos al comenzar el viaje.

La segunda pareja comienza su inmersión acompañados por Igor, que tiene la misión de actuar como marioneta, sin poder aportar nada ni decidir nada. Tras algunos problemas (perdida del tercer buzo, etc.), se hacen con el control de la situación y bordan el final de la inmersión: otra pareja que ha demostrado su destreza para con las habilidades exigidas... y la marioneta llegó viva.

Despedimos el curso en el renombrado “Café del Mar”, con bonita puesta de sol y féminas espectaculares. Se nos une Fulvio (buzo DIR también) a una típica cena de tapas que ha solicitado Clare. Ella nos dice que la situación es excepcional, los cuatro buzos han superado el curso, lo que es ciertamente infrecuente y choca con el buen ambiente que se ha respirado en todo momento. Ha sido la mejor mezcla que se podría esperar: mucho trabajo, muchas risas, muchas ganas de aprender, mucho compañerismo entre todos, mucho interés, excelente y generosa infraestructura y magníficos instructores y marioneta. Imposible de mejorar.

Puedo asegurar tras el curso que el DIR tiene más que ver con hacer las cosas bien y tomarse en serio lo de verdad serio, que con ninguna visión sesgada que me habían podido transmitir otras personas. Un particular agradecimiento a Armín por su asistencia y que en menos de 24 horas viajaría en coche, barco y tren, también a los compañeros ibicencos que vinieron a despedirse. Después de comprobar que, además de un curso, habíamos hecho estupendos amigos, nos despedimos todos congratulándonos del buenísimo y divertidísimo ambiente que había habido y manifestando el propósito de volver a bucear juntos.